2019: un año para desafiar la imaginación

Las Naciones Unidas ha declarado el 2019 como el año internacional de las lenguas indígenas; léase: el año internacional de las culturas de los pueblos originarios, pues la lengua es aquella condensación más acabada de una cultura. Un gran reto para el Estado colombiano que ciertamente ha vivido de espaldas al patrimonio lingüístico de la nación; también un reto para todos los colombianos y en especial, los profesionales que nos dedicamos al estudio de la cultura.

El entorno político americano merece una especial consideración: con dos menores de edad al frente del gobierno de los países más grandes de nuestro gran continente, que se incorpora a una variada corriente de populismos, pareciera que las certezas que teníamos sobre el “progreso” de una agenda social de defensa y reconocimiento de derechos, se están volviendo opacas. En Colombia aún estamos tratando de convencernos que la guerra no debería ser una opción al tiempo que asistimos al aletargamiento de los compromisos del acuerdo de paz que, entre otras cosas, prevé soluciones estructurales a las causas del conflicto armado.

Y aquí y allá, en medio de tanto ruido y de la confusión que genera ser un país contento, pero no feliz, debemos detener la mirada en lo que realmente podemos hacer por cambiar el curso de los acontecimientos; para ello, primero, entenderlos. Los profesionales en Colombia, tenemos una deuda grandísima y de seguro, no hemos hecho lo suficiente. Es en la noche donde hay que encender la luz y desafiar la imaginación.

Para Profesionales Amigos, con un corazón orinoquense y una mirada amazónica, este 2019 (donde retomamos labores luego de un “activo receso”), se nos presenta como un año para pensar y actuar decididamente. Hay que dar un reconocimiento especial a toda la red de amigos que desde distintas orillas nos han animado a continuar o nos han pedido “ingresar a las filas” de la fundación, así como a los pueblos y comunidades que con cariño nos han vuelto a llamar al servicio.

Hace 200 años, un líder de lo que hoy se conoce como la República Bolivariana de Venezuela, El Libertador Simón Bolívar, cruzó con sus tropas los llanos orinoquenses hasta llegar al actual territorio de Colombia, para encontrarse en Pore – Casanare, en el piedemonte llanero, con tropas locales que lucharían la independencia. Y sí, la república y la liberación de la monarquía extranjera nos llegó de los llanos orientales. Tal vez en este 2019, la Orinoquía colombiana salga de nuevo al rescate de esta nación que urge del coraje de quien busca su soberanía y de la sabiduría de quien nació mirando el horizonte.