AMANECER EN TIERRA PRÓSPERA


Cada experiencia en Profesionales Amigos tiene su impacto y se abre la posibilidad de: hacer y ser. Permite hacer: formación, investigación y apoyo. Y permite ser: personas antes que profesionales, que con un alto sentido de responsabilidad y pertenencia darán una transformación a aquellas formas de pensamiento que apuntan sólo a un interés particular de producir, distribuir, consumir y destruir.

Son muchos los amigos profesionales que tienen esta organización y gracias a ellos se enmarca nuestro pensamiento + acción; la organización sigue su marcha con guerreros que creen en proyectos de inclusión social y dispuestos a vivir al extremo las experiencias ofrecidas (no solo el trabajo de campo es extremo, cada día la administración pasa por incertidumbre y trabaja en función de lograr sus objetivos). Hoy Profesionales Amigos me brinda la oportunidad de vivir estas extremas experiencias de trabajo en su planeación, ejecución y evaluación. La III Jornada de Apoyo Local Vichada 2015.

Las oportunidades y escenarios que ofrece esta jornada desde mi punto de vista son maravillosas: La naturaleza es un escenario inigualable, un contacto único que hace posible soñar, contemplar y disfrutar de todo un paisaje cultural que se conoce para fines industriales y se hace invisible con los problemas sociales. La calidad humana, un equipo de trabajo idóneo con grandes capacidades y una comunidad dispuesta a pensarse como una unidad ofreciendo espacio de vida para la supervivencia cultural que desarrolla sus conocimientos en prácticas ancestrales. Por último, la oportunidad de aprender algo nuevo, fortalecer lo conocido y comprender de cerca las dinámicas sociales, políticas y económicas que se tienen para esta región.

Cada día que pasaba era la oportunidad para seguir alimentando el sueño de una comunidad preocupada por toda su realidad y que desde su cosmovisión, daban fe de sus raíces culturales, tradicionales, modos de vida y pensamiento. La actividad en el resguardo no paraba, aun no amanecía y los primeros sonidos de la naturaleza ya anunciaban un nuevo día, un tinto en la mañana acompañada de la tranquilidad, frescura y olores de la llanura permitían una conexión directa consigo mismo.  

Iniciar un día así es perfecto, es tan poderosa esta naturaleza que hace de una jornada extensa de trabajo una experiencia única que nos recuerda la tranquilidad con que asumíamos nuestros compromisos. En ese momento me daba cuenta que las expresiones de libertad y espontaneidad que la vida profesional y la ciudad nos presenta, son limitantes de ser como en realidad somos. “Bien puede ser que yo sea un poco como las personas mayores. Debo de haber envejecido” (De Saint-Exupéry, 1997). Podemos ser emotivos, apasionados y por qué no extrovertidos, pero poco a poco nos identificamos más por una apariencia superficial que por una personal.

Esta jornada continuaba y así como el atardecer nos mostraba con imponencia que una noche estrellada se aproximaba, las reflexiones del equipo de trabajo se enfocaban por el espacio en el que nos encontrábamos, la magia del lugar y la profundización de las metáforas que cada integrante del equipo compartía consolidaban la necesidad de continuar con esta y muchas más actividades que rescaten el verdadero sentido de vivir y disfrutar de todo los elementos que nos rodea el mundo.

Ser niños vale la pena y permitir contagiarse de esta inocencia trasmitida a nuestros oficios y pasiones, formarán a un profesional en el que hay que diferenciar dos momentos: el primero, los sueños y construcción de ideales es la creatividad que hay que dejar volar. Segundo, por más juego involucrado, siempre con los propósitos y objetivos de nuestras acciones en mente.

“La tierra de profesionales amigos es esta, una unidad de formación académica para la vida”

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