El amor nunca falla

Para Margarita…

Escribo esto a casi 20 días de la muerte de Margarita. Ella murió luego de que la asaltaron, en una calle de Medellín, por robarle un celular, pero también por intolerancia debido a su condición. Unas tres semanas antes de su muerte, ella junto con otras amigas de muy modesta condición, pintaron unas camisetas para Profesionales Amigos, quienes estaríamos entonces sacando adelante nuestra V Jornada de Apoyo Local.

Escribo esto también tres días después de Navidad, donde conmemoramos el nacimiento de un niño pobre, desplazado, excluido y al que unos pastores humildes le ofrecen su saludo y todo lo que pueden dar. Ambos acontecimientos enmarcan el último viaje al Vichada[1], quizás uno de los viajes más densos debido al ámbito de síntesis que llenó todo el lugar; un viaje de retorno a lo esencial (como siempre sucede en el Vichada), a lo humilde que es exceso en la generosidad del compartir, así como Margarita, así como la Navidad.

Venían dos Profesionales Amigos nuevos en la región, pero ya experimentados en sus campos. Particularmente dotados de esa sensibilidad que sólo viene con los años y los viajes, y con esa capacidad de asombro por lo simple que vuelve en muchos casos después de la juventud. Profesionales Amigos sigue siendo, sobre todo, una forma de ser, de pensar y de actuar, que se concreta en determinados seres, pensamientos y acciones, pero que siempre va allende ellos mismos. Esto lo volvimos a constatar en este viaje, y no es otra cosa distinta a la experiencia del amor que todo lo llena. Con amor fuimos recibidos en las comunidades, con amor nos acogieron en la palabra y el compromiso, con amor nos siguen llamando y nosotros continuamos respondiendo, con lo mejor que hay en nosotros. Con amor también, nos hemos despedido de Margarita, en medio de su soledad.

El Resguardo Gavilán tiene una energía particular; de seguro se la hemos otorgado nosotros, pero tiene mucho que ver la forma como el amor entreteje redes que extienden una especie de aura que experimentamos. Es un fenómeno, un hecho sagrado. Para quienes estuvimos en este viaje, una transformación interior nos sucedió: experimentamos un amor diferente, un vínculo perceptible e impronunciable, una manera de ser, pensar, actuar y de sentir. José y Pilar, protagonistas de esta historia, con generosidad fueron y se quedaron, como nos pasa a todos. Algo de nosotros se queda y algo de ellos, los Tajamonae, nos llevamos.

Sebastián, mi primo, luego que los dos primeros se fueran, supo absorber, esta vez desde La Primavera, la experiencia densa de tres generaciones de líderes preocupados por lo que los bowei llamamos “la cultura”; también, junto con Pablo, Eladio, Ikuli, Rosalía, Casuna y Julián, me supieron cuidar durante mi repentina enfermedad. Fueron momentos difíciles, de incertidumbre que se nos presentaron como una prueba: no somos eternos, aunque buscamos la inmortalidad en nuestras obras. No somos imprescindibles, aunque buscamos marcar una diferencia, no al exterior, sino en el interior de los procesos sociales. No somos invencibles, pero si inquebrantables, y con una fe a toda prueba (es decir, que ha pasado por muchas pruebas), seguiremos con determinación. La experiencia de Profesionales Amigos en el Vichada, nos libera atándonos, nos hace crecer empequeñeciéndonos, y nos hace volar aterrizándonos. Sólo el amor conoce esas aparentes paradojas, que en el corazón tienen una lógica determinante, somos múltiples, devenimos otros, morimos y renacemos. Y creamos.

Cuando “las chicas” terminaron la primera tanda de camisetas para Profesionales Amigos, enviaron un mensaje al equipo que Pilar nos transmitió: “Profesionales Amigos, crean en el amor, porque cuando es verdadero, no falla jamás.”

Somos amor.

Somos pensamiento + acción.


[1] Del 26 de noviembre al 9 de diciembre de 2015.

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