La fuerza de la fe

El Vichada, un lugar conocido por pocos pero codiciado por muchos. Su único pecado es ser parte de la Altillanura, que ha sido nombrada por el gobierno Colombiano como “la Última Frontera Agrícola de Colombia”. Esta tierra con suelos complejos es denominada como un territorio homogéneo desde la mirada economicista de quienes toman las decisiones, escondiendo verdades como que es un territorio lleno de ecosistemas diversos y lo más importante el hogar de muchas personas.

Mientras que muchos propiciamos la crítica contra quienes intentan colonizar los cuerpos y territorios de estos parienticos, ellos viven la injusticia de la desinformación y la necesidad. En este lugar donde lo único que llega son los mosquitos, los habitantes del territorio se debaten entre la autonomía y la circunstancia. Cuando las lógicas impuestas que les han regido durante años se basan en el asistencialismo y las garantías como sus derechos naturales se trasgreden.

Circunstancias como la presión de agentes externos que se disfraza de amabilidad y amistad, buscando el beneficio económico a costa del uso de su territorio, se convierte a veces en causal de insomnio o en una salida…Pareciera que a ese tajamonae se le agita el corazón, cuando con cara de desesperanza dice: “son obvias las intenciones de estos agentes externos, pero son…” tales personas con poder. Como teniendo la triste desesperanza de que es una realidad difícil de cambiar.

La decisión para quien lo mira desde afuera es tal vez clara, lograr el auto gobierno, pero en la dinámica del diario vivir es compleja y como menciona un profesional amigo “cualquier acto humano está más allá del bien y el mal” José Garrido.

Sin embargo, este pequeño lugar comparado con la inmensidad de la Llanura, del territorio Colombiano y del mundo, inspira por su capacidad de resiliencia y la confianza que posee cada miembro del resguardo en sí mismo y en sus tajamonae, quienes demuestran seguridad en que el principio que rige el resguardo es el trabajo en común antes que en el beneficio individual (UNUMA todos trabajando por un mismo fin).

Es así como a pesar de la confusión y el dolor, el resguardo se reinventa y toma fuerza desde el ejemplos como: la Guardia Indígena, que marca diferencia. En comparación con las fuerzas armadas de este y otros países, pues antes de convertir en su principal objetivo el cuidado mediante el uso de las armas, contribuye a la construcción de tejido social. Los integrantes de la Guardia, apoyan la logística de toda actividad realizada en comunidad, para que esta salga adelante, siempre tienen una sonrisa amable y respetuosa para los miembros de su comunidad. Sus cohabitantes que se sienten orgullosos y felices de sus actos incrementan su fe de una vida mejor con el apoyo de su Guardia.

Asimismo, otros grupos como Asamblea de Mujeres y Capitanes, se organizan y articulan, recordando que Matsuldani ha creado a la mujer para que sea compañera pero a la vez creadora, colocándola al mismo nivel del hombre, como dos seres iguales que luchan por el bien de su comunidad desde el trabajo Unuma. Las diferencias se transforman puesto que el resguardo encuentra que el mayor principio que los rige es UNUMA, todo tiene solución cuando ellos mismos concluyen que el todo es más que la suma de sus partes.

Por actos como este el Resguardo La Pascua puede colocarse de pie y decir con orgullo que es un lugar en el que “a pesar de las diferencias reina la paz, un ejemplo para este momento de construcción en el país” Álvaro Hernández. El trabajo en UNUMA siempre prevalece en este territorio, y en nuestros corazones, el de los amigos profesionales que constantemente aprendemos a mirar hacia adentro para transformar lo de afuera y a vivir con la esperanza segura de que las cosas sucederán, vivir con fe.

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