Lo importante no es llegar al final del camino, sino recorrerlo…

Esta aventura inició hace un par de meses luego de un apretón de manos y un abrazo sincero, pues al igual que el seleccionador de un equipo de fútbol y bajo la batuta de un sueño, se logró configurar un equipo de trabajo que desde su inicio mostró que uno de los principales horizontes de Profesionales Amigos era la formación y la transdisciplinariedad. Desde ese momento, muchos corazones se encaminaron y se inició un proceso de formación en el que la amistad y las relaciones son el punto de partida, pues a través de ellas se actúa. En pocas palabras “Pensamiento + acción”, establece no sólo los objetivos, sino la mayor fortaleza de Profesionales Amigos.


Días antes de embarcarnos en el camino hacia el resguardo, el mundo que me rodeaba empezó a sentir el peso del compromiso con Profesionales Amigos. Por primera vez en mucho tiempo, encontré las razones suficientes y necesarias para tomar las decisiones que me guiarán en mi vida profesional y personal, porque de qué sirve reconocer que estudias una ciencia social como la economía, si no experimentas en carne y piel un sueño compartido, que responda a aquella pregunta sobre, ¿Qué estás haciendo tú?, ¿Cuál es tú papel como ser humano, como colombiano, como Profesional? Todos deseamos un mejor país, lo que nos obliga a no olvidar que está en nuestras manos y en nuestro corazón la fuerza para labrar el camino hacia esa enorme meta.

De esta manera llegué a vivir esta experiencia que fue el resultado de 6 meses de arduos esfuerzos y revoluciones individuales. Por fin ya estábamos, yo y un equipo hermoso de profesionales, viviendo el sueño de muchos, que en algún momento han sentido el peso de este tipo de compromisos sociales. La estadía en el Resguardo Indígena Gavilán – Pascua durante estos cortos 15 días, me alienó de lo que yo llamo en este momento distractores ideológicos, y es que cuando logras convertirte en un observador omnipresente de tu realidad, gracias al silencio y la belleza de una nueva forma de vida, te das cuenta del tiempo que se desperdicia en banalidades y casos específicos. Pareciese en algún punto, que los que criticamos, aquellas formas de dominación de los sistemas capitalistas, somos los actores principales que lo reproducen sin escatimar esfuerzos.

Al acudir a mis recuerdos y  al ver mi diario de campo, es imposible no recordar que luego de la expectativa y las ansias de lograr nuestra meta de estar con la comunidad, la principal sensación fue la del “Reto” que nos generó la experiencia. Esta palabra que ejemplifica un objetivo en el cual hay que colocar mucho esfuerzo para lograrlo, se convirtió en el telón de fondo de nuestras acciones dentro del grupo. Durante la primera semana, el diagnóstico tendía a la consecución de un buen equipo de trabajo, aquel que respondiera no sólo a las cualidades individuales de sus integrantes, sino a las metas impuestas como grupo en la jornada de apoyo local.  Esta demanda fue nuestra primera tarea. Qué bonito fue observar que al igual que la producción, todo es resultado del trabajo de todos, porque sin duda alguna, los verdaderos cambios se dan como la suma de muchos esfuerzos. Esta parte de la historia fue en verdad complicada, porque aquel reto del que hablamos, se configuró en una serie de responsabilidades que te llenan de dudas, pues en momentos el conocimiento que has adquirido es muy valioso, pero al igual que un juego de herramientas, no todas se necesitan en momentos específicos. Sentirse lejano de las soluciones, un poco apartado de las decisiones y algo solitario por tu enfoque, son sin duda alguna, las razones que sustentan los miedos que te atacan en esos momentos.

Luego de hacer la reflexión sobre la sinceridad de mis motivaciones, observé que estos miedos tan sólo eran un vidrio que no me permitía impulsar todo lo que llevo dentro, convirtiéndose en una barrera que me negaba la inmensidad de las cosas. Por esta razón, fue todo un proceso abandonar esas gafas y darme cuenta que no se trataba de una competencia, sino que al igual que en una mano, cada una de los músculos se ordenan y actúan para que la mano ejerza sus funciones. De esta manera, el primer cambio no es hacerte resistente a los insectos, a la oscuridad en las noches y las mañanas, a la soledad y a la falta de algunas comodidades, sino abrir un poco más los ojos y percibir el mundo como un todo, en el que somos en función de un sueño.

Muchos de los momentos fueron complicados, pero la recompensa es algo que es indescriptible cuando lo miras todo con los ojos del corazón. Al intentar hacer un paralelo con mi cotidianidad, fue difícil concebir la idea de enfrentarse al mundo con las meras ganas y los sueños, pero observé que si así lo quieres, siempre tendrás una mano amiga que no busca competir, sino ser el hombro que te sostenga. Por esta razón, las sonrisas en los rostros de las personas que nos llamaban “profes”, con la humildad de una realidad sin ataduras egoístas, demostró que el sentido de lo profesional no es acumular un sinnúmero de conocimientos, sino aplicar lo que ya tienes con el mayor esmero, esperando ser el mejor en cada momento.

Así empieza el primer capítulo de éste camino que nos llevará a metas inimaginables, a retos aún más imponentes y a la satisfacción que expresa conocer nuestras raíces, convivir con lo que somos, porque éste resguardo en el que habitan las etnias Sikuani, Sáliva y Cuiva, nos demostró que un mejor país se construye con trabajo, esperanza y sobre todo con amor por lo que tenemos.

“En aquella línea que representa nuestra historia personal,

todo tiene un momento, lo importante no es actuar por actuar,

sino estar preparado para cuando la vida y tus sueños te lo demanden.”

(Álvaro Hernández Bello, Conversaciones)

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