Profesionales al servicio del 1%

Fuente: Caracol Radio

Las recientes tragedias relacionadas con Hidroituango dejan un gran interrogante: ¿dónde estaban los Profesionales? La gran vergüenza que representan las acciones y las omisiones de los profesionales no sólo revela una tendencia deleznable en los gremios sino una realidad política que afecta el ejercicio profesional.

¿Quiénes fueron los ingenieros de Hidroituango? ¿Eran estos profesionales? Contrario a un gran número de científicos sociales y naturales, que venían advirtiendo lo obvio en las obras de la Represa, existe una cadena de profesionales que, pese a las advertencias técnicas de muchos de sus colegas, permitieron este gran exabrupto. Si bien cada vez nos queda más claro que las profesiones están siendo reducidas a oficios que consisten en seguir órdenes, a una semana de ver un río perder su caudal en proporciones asesinas, es patente que la ambición económica desbordó el ejercicio de la política. Los culpables: los que tomaron las decisiones; los responsables: los profesionales cómplices.

Para los políticos, los ríos no son ecosistemas sino caudales de agua susceptibles de un beneficio económico. Lo mismo sucede con cualquier otro ecosistema en un planeta que, en los últimos 40 años, ha conocido la destrucción del 60% de sus especies y ecosistemas relacionados. Se dice que la ambición humana no tiene límites, pero podríamos decir mejor, que lo que no tienen límites es la estupidez. La ambición de vivir bien de la mayoría de los seres humanos, se ve limitada por la estupidez del 1% de la población que vive a espaldas del medio, en contra de sus hermanos y en razón de sus propios intereses. Dueños de todo, el 1% nos está dejando sin agua, sin aire, sin hermanos animales, y pronto, nos dejarán sin nosotros mismos.

Ya lo han hecho en nuestra propia cabeza, con el libre mercado para ellos y con las restricciones para los demás; reproduciendo en nuestras mentes su ideología nos han hecho desear su estilo de vida a costa de cualquier sentido común. Y como si fuera poco, posando de innovadores van en contra de la misma ciencia tras estúpidos objetivos que ellos mismos saben que van a fracasar. En esto consiste la hegemonía de estos políticos: su fuerza está en la trama de corrupción que logran en nombre de la ciencia, el conocimiento y la cultura, mientras que su proceder justamente va en contra la misma ciencia, el conocimiento y la cultura; a estas alturas del desastre, esto deja de ser paradoja para aparecer como síntoma: entre más adolezca un proyecto de verdadera ciencia y técnica, más necesario se vuelve proclamar sus virtudes y sustento científico.

Hay que parar todo. Revisarlo, y lo que esté mal (casi todo desde el principio) no debe permitirse realizar. Es sentido común. Por supuesto, hay que castigar a los culpables, a los tomadores de decisiones, sancionarlos legal y socialmente y después, reparar a todos los que fueron perjudicados. Todos sabemos qué es lo que debe pasar; hagamos que pase.

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