Comencé el año 2025 viajando desde la bella ciudad de Bogotá hacia los Llanos de la Región Orinoquía para participar en uno de los talleres de Profesionales Amigos en el Resguardo La Pascua (Cuiva, Sikuani, Piapoco), Vichada. Nunca había estado en esa hermosa región vichadense, sólo la había visto con los ojos del corazón y la imaginación, a través de las oralidades de los Piapoco y campesinos llaneros colombo-venezolanos.
En el trayecto, cuando comencé a visualizar ese majestuoso paisaje llanero, me sentí que regresaba a casa, a esa amada casa que canta pasajes y joropos en mis oídos y llena mi corazón de alegría, me sentí como ave que vuela libre por entre las matas, los morichales y la inmensidad del paisaje, o que besa con su pico las ondas cristalinas del agua de los caños y lagunas.
Pero lo mejor del viaje, el tesoro más grande de los llanos del Vichada es su GENTE, gentes de diferentes orígenes y gran diversidad cultural (indígenas, campesinos, propietarios de fincas, trabajadores todos de sol a sol), con corazones bondadosos, llenos de solidaridad con el prójimo y de profundo amor por su terruño. Lo mejor es que hay muchos niños, niñas y jóvenes, una juventud optimista y deseosa de seguir educándose en diversas áreas del saber para beneficiar la vida, a la patria llanera con sus conocimientos ancestrales, tradicionales, contemporáneos e innovadores. Eso me hizo sentir demasiado bien, esperanzada y entusiasta para colaborar en la formación de esos jóvenes y, a la vez, aprender con ellos conocimientos nuevos para mí sobre el paisaje, el ambiente, la historia, en un intercambio intercultural, donde la más beneficiada he sido yo que he ido completando mi educación como ser humano.

Como antropóloga he participado, con gran honor, en intercambios de saberes con diferentes pueblos indígenas de Colombia y Venezuela, y en el terreno de la educación propia originaria indígena aprendí que los principios de esa educación tradicional (y sus ciclos y pautas de crianza) para formar un ser humano dentro de sus culturas, se fundamentan en la cosmovisión o visión del mundo, el derecho consuetudinario y los valores morales. Esos principios en resumen son: el sentir-pensar (pensamientos con el corazón), la observación-participación (hacer, practicar o aprender viendo, oyendo, haciendo), que están en estrecha relación con la identidad y la territorialidad, y constituyen las bases del amor, amor por uno mismo, la familia, la comunidad, la cultura, la historia y la tierra ancestral.
Históricamente, con algunas diferencias y matices, las culturas criollas llaneras han heredado esos principios originarios mediante los cuales también se educan sintiendo-pensando, observando-participando y amando su identidad, territorio, a sí mismos, su familia, sus pueblos, su historia…
Después de terminar el taller en el Resguardo La Pascua, un atardecer en La Primavera, viendo una puesta de sol espectacular con Luís Carlos, Andrea y Alejandra, reflexionaba sobre mis queridos compañeros y el quehacer de Profesionales Amigos, y me di cuenta que los tres principios importantes de Profesionales Amigos son Sentimos, Pensamos, Actuamos, los cuales por encima de todo nos hacen amar. Amamos a nuestros amigos profesionales, a la gente para la cual, y con la cual pensamos y trabajamos, amamos lo que hacemos en defensa y protección del ambiente y de las culturas llaneras. Y volví a sentir eso, la felicidad de que había llegado a casa, a la casa de mi familia grande, de mi gran familia hermosa…El mejor inicio de año por siempre…
Silvia Margarita Vidal Ontivero
Directora Científica de CEI Orinoquía
Este texto es una reflexión personal sobre la experiencia vivida en el marco de la formación de Promotores Ambientales en el Resguardo La Pascua.
